18/4/16

GRAFITI, ¿ARTE O VANDALISMO?

El color del grafiti teñía las calles Malasaña este domingo

Este domingo se podía ver en Malasaña a un centenar de personas con mascarilla y bote de espray en mano. No, no se trataba de un acto vandálico. Todo lo contrario. Somos Malasaña y Madrid Street Art Project habían convocado a artistas del grafiti, reconocidos nacional e internacionalmente, para darle vida al mítico barrio madrileño. ¿Las víctimas? Más de un centenar de cierres de comercio que sus dueños habían prestado de forma voluntaria para tal fin. El evento, Pinta Malasaña, contaba además con un set de DJs y con un “Pintacaras” para amenizar toda la jornada.

No consistía, sin embargo, en una mera actividad pasiva en la que el espectador paseaba por las calles admirando las obras. Todo aquel curioso por el arte urbano podía dejar también su huella. ¿Cómo? Gracias a las tizas repartidas a lo largo del día, una clara invitación hacia los visitantes para participar en este día. Además, el mismo día se inauguraba la primera Galería de Bolardos en la capital. Dichos bolardos dejarán, de una vez por todas, su monótono color grisáceo para rebosar colorido y viveza.

Primer premio de PintaMalasaña2016: Chincheta.
Bolardos, primer premio de PintaMalasaña2016: Alejandro Ontiveros Robles.
El artista Oter0 cruzó el charco desde México para acudir al evento.
Actividades de tal envergadura nos llevan a hacernos la siguiente reflexión: ¿es el grafiti un tipo de arte o simplemente consiste en una gamberrada de mal gusto?
Difícil cuestión, pues ¿quiénes somos nosotros para determinar qué es arte y qué no? La Real Academia Española define “arte” de la siguiente manera: Actividad en la que el hombre recrea, con una finalidad estética, un aspecto de la realidad o un sentimiento en formas bellas valiéndose de la materia, la imagen o el sonido. Ante algo tan subjetivo, ¿quiénes somos nosotros para poner los límites a un campo que está en continua fase de experimentación y evolución?

En 1917, Marcel Duchamp presentaba en el museo de Nueva York su famosa Fuente. Lo que en su momento causó una gran controversia y se descartó como forma artística se convirtió en la pieza más representativa del Ready-made, y se alza en la actualidad como un auténtico hito del s.XX. Por tanto, solo el tiempo podrá determinar si el mundo del grafiti constituye un arte. Y no, no me refiero a las pintadas hechas de cualquier manera que se encuentran en cualquier callejuela. Hablo de aquellos dibujos diseñados y realizados, con mucho esfuerzo, con pintura en aerosol.

Aquellos que sí lo consideran arte (o mejor dicho, street art) encuentran un gran referente en el artista británico Banksy. Un desconocido para el mundo que se esconde detrás de un seudónimo, Banksy combina la escritura con el grafiti, creando una estética rompedora en toda su obra. Así, son habituales las sátiras hacia temas tan variados (o quizá no tanto) como la política, la cultura, la moralidad y la diversidad étnica. Es por ello que ha recibido tanto críticas como elogios por sus manifestaciones artísticas.

Hijo de un inmigrante en Siria, Banksy (2015)


Les Misérables, Banksy (2016)
En esta misma línea del uso del grafiti como media de protesta, sobre todo en el ámbito político-social, nos encontramos con Women on Walls (literalmente, Mujeres en los muros). Un colectivo de 60 artistas, mayoritariamente mujeres, pertenecientes al mundo árabe. ¿Su objetivo? Aportar el punto de vista femenino en espacios públicos, lugares que les suelen ser negados. Este colectivo ha desplegado su obra en Egipto y Baladk, pero también en Copenhague (Festival de las Imágenes, 2013). Sus obras no tienen siempre un mensaje feminista claro, en muchas ocasiones solo buscan visibilizar la figura de la mujer en una sociedad marcada (y en ocasiones oprimidas) por el patriarcado.


Una de las muchas obras realizadas por el colectivo Women on Walls.

Ya por último, centrándonos más en la parte estética de esta rama artística, nos encontramos con la singular “Capilla Sixtina” del Skate. Situada en Asturias y tras décadas de abandono, la Iglesia de Llanera llevaba más de cincuenta años desacralizada. Tras la Guerra Civil, fue el único edifico que se conservó. El grupo Church Brigade la restauró para tener un lugar cubierto en el que practicar su gran pasión: el skateboarding. Ya en 2014, el artista español Okuda San Miguel se quedó impresionado por las bóvedas del templo y decidió ponerse en contacto con los dueños para darle el colorido característico del autor que le faltaba. Los resultados hablan por sí solos.


La Iglesia de Llanera durante el proceso de decoración.
La "Capilla Sixtina" del Skate, Asturias.
Todas las fotos han sido adquiridas de las páginas oficiales de los artistas. Puedes acceder a ellas aquí (Pinta Malasaña), aquí (Banksy), aquí (Women on Walls) y aquí (Okuda San Miguel). 

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